Moscú, Rusia
—Oh, cara mia, qué sexy estás —la mujer del Pakhan la recibió con efusividad en su residencia—. Te ves mejor de lo que creí. Más radiante, más peligrosa.
Livia sonrió astuta y asintió. Era así como empezaba a sentirse: peligrosa, pues todavía respiraba por la herida y las ganas de vengarse con el único que quedaba vivo seguían intactas. Tenía planes para él, pero antes de enfrentarlo, quería recuperarse física y mentalmente. Para mostrarle que con ella no tenía más acceso a hacerle