Capítulo 88

Los días comenzaron a pasar, volviéndose una rutina tediosa para Livia, que poco a poco empezaba a caminar trayectos más largos sin ocupar un bastón. Sus heridas internas comenzaban a sanar, al igual que las externas. A pesar de que sabía que estaba fuera de peligro, por las noches solía tener pesadillas: se veía de nuevo a merced de Darío, despertaba gritando y empapada en sudor, con las manos temblando y las náuseas obligándola a correr al baño a vomitar.

Matteo solía auxiliarla en silencio,
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