Mundo ficciónIniciar sesiónElena descubre que Damian es su Mate en la ceremonia de la Luna Llena, pero él la rechaza en privado por considerarla "débil" para ser Luna de la manada, eligiendo mantener su vínculo en secreto mientras coquetea con otra. Durante una patrulla en la frontera, Elena se cruza con Kael. A diferencia de la presión que siente con Damian, Kael la trata con respeto y nota su verdadero potencial. Damian obliga a Elena a presenciar cómo nombra a otra loba como su prometida oficial. El dolor del rechazo desgarra el vínculo de Elena. ella decide abandonar el territorio principal para curar su corazón. Se refugia en la zona neutral, donde Kael la rescata de una amenaza y le ofrece protección en su territorio. Elena empieza a entrenar en la manada de Kael. La química crece: Kael no la domina con voz de Alpha, la apoya para que se vuelva fuerte. Elena empieza a sanar. .Damian descubre que Elena se ha ido y siente el vacío del vínculo roto. La rabia y la posesividad lo consumen; Damian irrumpe en una reunión de manadas para reclamar a Elena., lo cual provoca la primera confrontación directa de auras entre Damian y Kael. Elena defiende públicamente su derecho a elegir. Elena, Kael y Damian se ven obligados a luchar juntos.... que final tendrá está historia amorosa, quien se quedará con el amor de Elena?? sigamos está historia para descubrirlo.
Leer másLa Gran Noche del Vínculo era el acontecimiento más sagrado para la Manada Luna Carmesí.
El bosque ancestral olía a pino fresco, tierra húmeda y la abrumadora mezcla de feromonas de docenas de lobos ansiosos por encontrar a la pareja que la Diosa de la Luna les había destinado. Las antorchas iluminaban el claro de piedra, proyectando sombras danzantes sobre los rostros de los miembros de la manada. Elena apretó las manos alrededor de la tela de su vestido blanco sencillo. A sus veintiún años, no era la loba más fuerte del clan; su linaje provenía de rastreadores humildes, y su constitución era delgada, casi frágil en comparación con las imponentes guerreras que reían cerca del altar. Sin embargo, en sus ojos color avellana ardía una determinación contenida. No buscaba estatus ni títulos. Solo anhelaba un amor verdadero, alguien con quien compartir el alma y ser protegida. Un murmurar colectivo recorrió el claro cuando las figuras más importantes de la jerarquía hicieron su entrada. Ahí estaba él. Damian, el heredero al título de Alpha. Caminaba con la gracia peligrosa de un depredador Alfa. Sus hombros anchos, su mandíbula marcada y sus ojos amarillos como el ámbar desprendían un aura de poder sofocante. A su lado caminaba Tatiana, una noble de linaje guerrero con una sonrisa triunfal, la mujer a quien todos en la manada asumían que Damian tomaría como su Luna. Elena dio un paso atrás, tratando de mimetizarse con las sombras de los robles. Sabía que no tenía oportunidad de llamar la atención de alguien como Damian, ni lo deseaba. El heredero era conocido por su arrogancia y su temperamento implacable. Entonces, la luna llena alcanzó el cenit del cielo nocturno. Un rayo de luz plateada descendió en picado, cortando la penumbra del bosque y golpeando directamente el centro de la plaza de piedra. En ese mismo instante, un latido atronador sacudió el pecho de Elena. Un chispazo de electricidad estática recorrió su espina dorsal, tan violento que casi le hizo perder el aliento. El aire a su alrededor pareció congelarse. Un aroma intenso a cedro, lluvia y sangre helada invadió sus sentidos, envolviéndola por completo. Su Mate. Elena ahogó un gemido mientras el instinto de su loba interna despertó con un aullido de euforia. Levantó la vista instintivamente, buscando el origen de esa atracción gravitacional e inquebrantable. A unos diez metros de distancia, Damian se detuvo en seco. El imponente heredero cerró los ojos un segundo, apretando los puños con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Elena vio cómo sus fosas nasales se dilataban, captando la fragancia dulce a vainilla y jazmín que ella desprendía. Poco a poco, la cabeza de Damian se giró hacia el rincón sombrío donde se encontraba Elena. Sus miradas se cruzaron. El vínculo de la Diosa de la Luna cobró vida entre ellos como un hilo invisible de fuego. Elena sintió el impulso irrefrenable de correr hacia él, de acurrucarse contra su pecho y reclamar su lugar. Por una fracción de segundo, vio la sorpresa y una llama de deseo puro destellar en los ojos dorados de Damian. Pero la calidez duró solo un pestañeo. La sorpresa en el rostro de Damian se transformó rápidamente en molestia, luego en incredulidad y finalmente en un frío absoluto. Observó a Elena de arriba abajo: su vestido modesto, sus hombros ligeramente encorvados, su estatus insignificante dentro de la manada. Tatiana, notando la distracción del futuro Alpha, le tocó el brazo con coquetería. —¿Sucede algo, mi Alpha? —preguntó con voz melosa, pegando su cuerpo al de él. Damian no le respondió inmediatamente a Tatiana, pero rompió el contacto visual con Elena de manera tajante. Sus cejas se fruncieron en una mueca de desdén. «No te muevas. No digas una sola palabra», resonó la Voz de Alpha de Damian directamente en la mente de Elena a través del enlace mental privado. Era un mandato implacable, frío y amenazante. «Ve al antiguo pabellón detrás de las caballerizas. Ahora.» El tono del mandato hizo que las rodillas de Elena temblaran. Su loba interna gimió de confusión y dolor. ¿Por qué su compañero predestinado le hablaba con tal desprecio? Tragándose el nudo que amenazaba con ahogarla, Elena dio media vuelta en silencio y se deslizó fuera del claro iluminado, dejando atrás los vítores de la fiesta que comenzaba. El antiguo pabellón de madera estaba a oscuras, solo iluminado por el débil resplandor de la luna que se filtraba a través de las grietas del techo. Elena esperó allí durante diez minutos que parecieron una eternidad, abrazándose a sí misma para contener los temblores que el vínculo rechazado comenzaba a causarle. El chasquido de una rama afuera anunció su llegada. Damian entró a la estructura con pasos pesados y furiosos. No había calidez en su rostro, solo la sombra de un orgullo herido. Cerró la puerta de golpe detrás de él. —Dime que es un error —dijo Damian, su voz un rugido bajo que hizo vibrar las paredes de madera—. Dime que la Diosa no cometió la estupidez de vincularme con una loba de clase baja como tú. Las palabras cayeron como dagas sobre el pecho de Elena. La ilusión que había albergado durante años sobre encontrar a su alma gemela se desmoronó en un instante. —N-no es un error, Damian... —susurró Elena, manteniendo la frente en alto a pesar de que los ojos le escocían por las lágrimas retenidas—. Tú lo sentiste. La atracción, el aroma... El vínculo está ahí. Damian soltó una carcajada amarga y dio dos pasos agigantados hacia ella, acorralándola contra la pared de madera. La cercanía de su cuerpo encendió las brasas de la atracción en la piel de Elena, pero la frialdad en la mirada de él congeló cualquier rastro de placer. —¡Mírate! —siseó él, tomándola firmemente del mentón para obligarla a mirarlo a los ojos—. Eres débil, Elena. No tienes fuerza, no tienes influencia, no tienes un linaje que aporte nada a la Manada Luna Carmesí. En un mes asumiré el control como Alpha. Necesito una mujer poderosa a mi lado, una guerrera que la manada respete. ¡Necesito a alguien como Tatiana, no a una simple rastreadora! Elena sintió que su corazón se rompía en mil pedazos. El dolor del rechazo de un Mate no era solo mental; era un dolor físico que quemaba la sangre. —¿Entonces qué quieres de mí? —preguntó Elena, con la voz quebrada pero llena de una repentina dignidad—. Si soy una vergüenza para ti, rompe el vínculo. Recházame oficialmente ahora mismo frente a la manada. Los ojos de Damian se estrecharon. La sola idea de admitir ante la manada que la Diosa le había asignado una pareja débil dañaría su imagen impecable de líder perfecto. —No —respondió él con frialdad—. No voy a darles de qué hablar a los ancianos del Consejo. No haré ningún rechazo público. —¿Qué estás diciendo? —Elena lo miró horrorizada. —Mantendremos esto en secreto —decretó Damian, acercando su rostro al de ella, ejerciendo toda la presión de su aura para someter la voluntad de Elena—. Nadie debe saber que la Diosa te eligió a ti. Mañana anunciaré mi compromiso con Tatiana para asegurar la alianza con su clan. Tú te mantendrás al margen, en las sombras. —¿Quieres que me quede a un lado viendo cómo te casarás con otra? —las lágrimas finalmente resbalaron por las mejillas de Elena—. ¡Es crueldad, Damian! ¡El vínculo nos consumirá a los dos! —Tú eres mía, Elena —dijo él en un susurro posesivo y dominante, apretando el agarre en su mentón hasta rozar el límite del dolor—. Tu sangre, tu cuerpo y tu loba me pertenecen por derecho divino. Cumplirás con tu deber cuando yo te lo pida en privado, pero públicamente no eres nada para mí. Si intentas decir la verdad a alguien, me aseguraré de que tú y tu familia sean exiliados como traidores. ¿Entendiste? La declaración cayó con el peso de una condena. Elena lo miró a los ojos, buscando al hombre que se suponía debía amarla y protegerla sobre todas las cosas. Solo encontró un tirano cegado por la ambición y el ego. —Respóndeme —ordenó él con la Voz de Alpha. La compulsión mágica obligó a los músculos de Elena a obedecer, a pesar de la rebelión que ardía en su interior. —...Entendido —logró articular ella con un hilo de voz. Damian sonrió con autosuficiencia, satisfecho con su dominio. Le soltó el rostro con brusquedad, se acomodó la chaqueta y se giró hacia la salida sin volver a mirarla. —Límpiate las lágrimas y regresa a tu casa por el camino trasero. No quiero que te vean merodeando cerca de la fiesta. La puerta se cerró tras él, dejándola sumida en la penumbra. Elena cayó de rodillas sobre el suelo helado de madera. El dolor en su pecho era un abismo negro, pero entre las ruinas de su corazón destrozado, algo más comenzó a germinar. La tristeza cedió paso a una furia callada y abrasadora. Se tocó la mejilla donde los dedos de Damian habían dejado una marca invisible de posesión. Él creía que podía usarla, ocultarla y pisotearla a su antojo solo por ser el futuro Alpha. Creía que ella se quedaría esperando en las sombras a que él se dignara a darle migajas de atención. Elena apretó los puños contra el suelo hasta que las uñas se le clavaron en la madera. «Se equivoca», pensó, mirando hacia la luna llena que brillaba a través del tejado roto. «Prefiero morir como una loba solitaria que ser el secreto de un monstruo.»Mientras la paz de la montaña envolvía la fortaleza del Colmillo de Plata, a kilómetros de allí, la sede de la Manada Luna Carmesí se desmoronaba en un caos silencioso.En la gran sala de mapas, los sirvientes caminaban pegados a las paredes, aterrorizados. Los muebles de roble estaban reducidos a astillas y las jarras de plata yacían abolladas en el suelo.Damian, con la camisa entreabierta y el cabello castaño revuelto, paseaba como una fieraenjaulada.El dolor que había sentido en el pecho cuando Elena rompió el enlace mental no habíadesaparecido. Al principio creyó que era rabia por la insubordinación de una loba insignificante.Pero con el paso de las horas, el vacío en su pecho se había vuelto una fosa abismal. Laausencia del aroma a jazmín y miel no le dejaba conciliar el sueño; el lazo sangrante del Materechazado le quemaba las entrañas con un ardor constante que ningún vino lograba calmar.Tatiana entró al salón luciendo un elegante vestido de seda azul, con la b
El sol de la mañana se filtraba por los ventanales de la fortaleza de piedra, proyectando unmanto dorado sobre las pieles donde descansaba Elena. Por primera vez en años, despertabasin el peso abrumador del miedo o la desaprobación sobre sus hombros. El té de hierbas medicinales de Kael y, sobre todo, su presencia reconfortante, habían logrado lo imposible: la fiebre del vínculo roto había cedido, dejando en su lugar un vigor renovado y una claridad mental filosa como el cristal.Elena se levantó y se vistió con ropas limpias de cuero ajustado que encontró dobladas a lospies de la cama, pensadas para la agilidad y el combate. Al salir al patio central del refugio, elaire helado de la montaña le llenó los pulmones.En el centro del patio, rodeado por guerreros de la Manada del Colmillo de Plata queobservaban con respeto, estaba Kael.Tenía el torso desnudo, cubierto por una fina capa de sudor que hacía brillar los marcadosrelieves de sus músculos bajo el sol invernal. Mo
El bosque ya no era un refugio pacífico; era una trampa de sombras y raíces traicioneras. La noche había caído sobre las montañas del norte, cubriendo la espesura con un manto denso y sin estrellas. El aire se volvía cada vez más gélido, pero el sudor frío cubría la frente de Elena mientras corría sin descanso, saltando sobre rocas resbaladizas y esquivando ramas bajas que desgarraban la tela de su ropa. Su pecho ardía. Cada respiración profunda se sentía como inhalar cristales rotos. La ruptura del vínculo de Mate que había forzado en el salón del trono estaba cobrando un precio físico devastador: su temperatura corporal oscilaba de forma errática y las fuerzas de su loba decaían a cada segundo. Y lo peor no era el dolor interior. Lo peor era el sonido que retumbaba a sus espaldas. A lo lejos, los aullidos de los sabuesos de caza de la Manada Luna Carmesí rasgaban la calma de la noche. —¡Búsquenla! —la voz lejana de un capitán de guardia resonó entre los árboles
El regreso al núcleo del territorio de la Manada Luna Carmesí fue como sumergirse de nuevo en una marea de agua helada. La serenidad del bosque del norte y la huella tibia del aroma de Kael se diluyeron a medida que Elena se adentraba en la gran plaza central. El ambiente festivalero de la noche anterior se había transformado en una febril actividad preparatoria. Estandartes con la luna enatecida en hilo de plata colgaban de las fachadas de piedra y madera; los sirvientes corrían de un lado a otro transportando barriles de hidromiel, mesas banqueteras y arreglos de flores de invierno. Elena caminó con la vista fija en las tablas del suelo, tratando de pasar desapercibida entre el bullicio. Sin embargo, el murmullo de la gente a su paso era ineludible. —¿Viste cómo la miró anoche? —Dice el capitán que el Alpha Damian anunciará hoy su elección definitiva. —Tatiana es la única opción lógica. Su familia controla las minas del este y es la guerrera más fuerte del clan
Último capítulo