El eco de la escaramuza en el río tardó días en disiparse de la atmósfera de las montañas,
pero en su lugar se instaló un silencio pesado, casi denso. El cielo nocturno comenzaba a
teñirse de un tono cobrizo presagiando el fenómeno anual de la Luna de Sangre: un periodo
sagrado en el que el poder espiritual de la especie se multiplicaba, pero en el que también las
bestias más oscuras y los lobos desterrados, los violentos rogues, descendían de los picos
nevados atraídos por la frenética en