La luz cenicienta del amanecer tras la Luna de Sangre reveló las cicatrices del valle del Este. El
viento helado soplaba entre los desfiladeros llevando consigo el olor a ceniza y humo residual
de las hogueras de contención. En la fortaleza del Colmillo de Plata, el ambiente no era de
triunfo, sino de una vigilancia serena y estratégica.
Mientras los sanadores atendían a los guerreros heridos en el patio bajo las órdenes directas
de Kael, quien ayudaba personalmente a vendar extremidades y