Mundo ficciónIniciar sesiónAmara huyó de un pasado trágico en su país para esconderse muy lejos, creyendo que los monstruos solo existían en sus pesadillas. Pero su frágil normalidad se hace añicos cuando capta la atención del hombre más peligroso de la ciudad. Alaric no es solo un implacable CEO multimillonario; es el Alfa milenario y su lobo interno está al borde de la locura, consumido por un poder ancestral. Él está dispuesto a reclamarla. Ella solo quiere huir.
Leer másLa oscuridad me envuelve, pero no me siento sola. Estoy en ese lugar que ya he visitado tantas veces en mis sueños. Respiro, y el aire se siente pesado, cargado de peligro. De repente, escucho unos gritos. Pequeños lobeznos lloran, sus aullidos son desesperados, llenos de miedo. Mi corazón se estruja al escucharlos. Son como los niños del hogar del padre Santi. Mi pecho arde con una mezcla de furia y compasión. No puedo permitir que les hagan daño.
De mi boca sale un grito poderoso, una palabra que resuena como un trueno en el aire: "¡PHYGETE!"
Los lobos malos, grandes y amenazantes, se detienen en seco. Sus cuerpos tiemblan y, como si fueran niños asustados, salen corriendo mientras gimotean, derrotados. Me siento feliz, aliviada por haberlos protegido. Los pequeños lobeznos están a salvo.
Mis ojos se encuentran con los de una mujer madura pero hermosa, con el rostro marcado por la sabiduría y el tiempo. Su cabello trenzado cae como cascadas oscuras. Hay algo en ella que me resulta familiar, como si siempre hubiera estado ahí, esperando. Le digo con voz firme, aunque llena de ternura: "ON AGAPO TÉKNA, ECHOMEN ETI ASTHENEIS."("Amo a los niños, pero aún somos débiles.")Ella asiente en silencio, sus ojos reflejan comprensión. Pero entonces, como si el mundo empezara a desvanecerse, escucho un sonido lejano. Un golpeteo constante, como un tambor:
Toc toc toc.El sonido se vuelve más fuerte, más insistente, hasta que me despierto de golpe.
De vuelta a la Realidad
Toc toc toc. Alguien está tocando mi puerta. Mi corazón da un salto, como si aún estuviera en el sueño. Me siento agotada, como si hubiera corrido kilómetros en esa otra realidad.
—¡Dormilona! —Grita una voz familiar desde el otro lado de la puerta—. ¡Nos toca irnos! Apúrate, es tu turno de hacer el desayuno el desayuno.
Suspiro profundamente. Estoy tan cansada que siento que no puedo con mi vida. Me levanto con dificultad, dejando atrás el sueño que todavía me persigue. Soy Amara Zaria Luparia Yawar, un nombre común, un apellido común, en mi amada selva. Hace tanto tiempo que la dejé atrás… Familia, amigos… cuánto los extraño.
Toc toc toc.
—¡Sol solecito! —grita él, burlón—. No voy a hacer el desayuno y prometo que me acabaré el agua caliente. Pero en el fondo, ese sueño sigue ahí, como una sombra que no desaparece. ¿Qué significará? ¿Por qué siempre vuelvo a él?
Sus palabras me sacan una sonrisa. Con la velocidad de una atleta, corro hacia el baño antes de que él pueda reaccionar. Abro la puerta y, de un solo salto, me meto adentro y cierro con seguro.
Desde afuera, escucho su refunfuño:
—¡Abre, usurpadora! ¡No puedes acabarte el agua! —golpea la puerta, insistente.
Río mientras me lavo. Sé que está molesto, pero también sé que lo hace sonriendo. —¡Eres una pesadilla de compañera! —añade, frustrado. Le grito desde adentro, con una carcajada: —¡ME AMAS! Lo sabes. ¡Y también sabes que cocino horrible! verdades innegables.
Rose suspira teatralmente. —Eres un desastre —dice, con un tono que mezcla reproche y cariño—. ¿Qué vas a hacer cuando te cases? Debes aprender a hacerte todas tus cosas, no porque no seas una mujer fuerte e independiente, sino para que no dependas de nadie.
—¡Sí, mamá! —le contesto mientras termino de bañarme.
Nunca me acabo el agua caliente, pero siempre me reclama como si lo hiciera. Cuando salgo del baño, empapada y envuelta en una toalla, el aroma del desayuno me recibe como un abrazo cálido. Rose está en la cocina, moviéndose con la agilidad de alguien que ama cocinar.
—Huele genial —le digo mientras me acerco y le doy un beso en la mejilla—. Te quiero, eres la mejor amiga del mundo.
Él sonríe, pero no dice nada. Ambos sabemos cuánto hemos luchado juntos. Llegamos desde Colombia, dejando atrás nuestras vidas, nuestras familias y nuestros secretos. Hemos trabajado duro para salir adelante, y aunque la vida aquí no es fácil, juntos hemos construido algo parecido a un hogar.
Cuando me acerco a la mesa, noto que hay comida para tres. Antes de preguntar, la puerta de la habitación contigua se abre y de allí emerge Andrew Magnus Blackwood. Su presencia llena la sala. Es un chico muy guapo, con una elegancia natural que delata su origen mágico.
—Hola, Andrew —le digo con una sonrisa. Él se estira con pereza antes de responder:
—Hey, ustedes, ¿por qué hacen tanto ruido? Amanecer aquí es como estar en una plaza.
—Alegría latina— río mientras lo observo.
Andrew es de muy buena familia. Lo conocimos en el Country Club Arms, el sitio donde trabajamos, es un lugar de propiedad de la poderosísima Familia Huntintong Vanderbilt. Desde el principio, fue claro que Andrew y Rose tienen algo especial. Se aman profundamente, aunque su relación está marcada por los secretos. Andrew aún no puede decirle a su familia quién es realmente, y eso lo consume.
Los hombres lobo no aceptan relaciones con su mismo sexo, y aunque Rose en si mismo es una mujer todos la ven como un hombre.
Alto… otra vez Amara este dolor de nuevo llevo mi mano al pecho ..todo se nubla aquí vamos otra vez!
Rose se dirige a buscar a Amara en la casa del árbol.Desde abajo grita… ¡bebé! ¿Estás despierta?, Amara se levanta de golpe con una energía única –Ya bajo grita desde la puerta, aparece casi de inmediato en el umbral y con una agilidad única en los niños de la selva desciende abraza a Rose y le dice vamos.__ ¿Te sientes mejor?__ ,Aja - Asiento con tranquilidad. Mientras tanto, la Señora Lois, jefa de protocolo, entra al salón con su característico aire de autoridad.—Hola, jóvenes —dice, con una sonrisa firme pero amable—. Este año, la Noche de Grandes Líderes del Country Club Arms será atendida por: Kate, Antoine, Callie, Jasper, Sindy, William, Roxanne, Jonathan, Josh, Amara, Ross… y el jefe de auxiliares será Gilbert.Todos nos miramos entre no
Punto de Vista de Alaric El día había llegado. El gran cónclave, la reunión más importante de los alfas de todas las manadas del mundo, se llevaría a cabo en el territorio de mi manada la gran luna Aurea mi territorio. Era un evento que no podía permitirse el lujo de fallar. Más de cien alfas, cada uno con su propia fuerza, orgullo y secretos, estarían aquí, y mi responsabilidad es garantizar que todo salga perfectamente.Enlazo a mi beta, Gareth Thorne, a través de nuestra conexión mental.—¿Todo está listo? —pregunto, mientras camino por los pasillos del Country Club Arms.—Sí, Alfa Alaric —responde Gareth, con voz firme y segura—. Hemos revisado el perímetro tres veces. La seguridad está en su lugar.—Revisaremos una vez más —digo, corta
Aurelia estaba inquieta desde el momento en que los fae cruzaron las puertas del castillo de Alaric. Su naturaleza voluble y su poder descomunal la hacían desconfiar de ellos, especialmente de su reina, Lysandra. Aunque los fae no eran más de 20, cada uno de ellos poseía magia suficiente para diezmar ejércitos enteros. Su habilidad para manipular los elementos, las emociones y la realidad misma los convertía en enemigos potencialmente devastadores. Pero Aurelia sabía que no era su número lo que los hacía peligrosos, sino su ambición y su capacidad para engañar.La forma en que los fae encontraban la muerte era tan peculiar como ellos mismos. Su vida estaba ligada a su magia, y cuando un fae moría, su cuerpo se desintegraba en una explosión de luz azulada y polvo estelar, dejando tras de sí un rastro de energía pura que podía corromper o fortalecer a quienes estuvieran cerca. Esta muerte era tan hermosa como trágica, un recordatorio de que los fae no eran seres comunes, sino c
A las 14:00, Amara estaba terminando de colocar las últimas decoraciones en el salón principal del Country Club Arms, cuando un dolor agudo atravesó su pecho. Era como si algo invisible la hubiera golpeado, un sentimiento tan intenso que la obligó a detenerse y apoyarse contra una mesa.—¿Estás bien? —preguntó Rose, preocupada al verla palidecer.Amara negó con la cabeza, tratando de recuperar el aliento.—Es… el dolor —murmuró, aunque sabía que no era tan simple.Estos episodios no eran nuevos para ella. Desde que cumplió los 18 años comenzaron y desde entonces no paran y siempre parecían coincidir con algo que no podía explicar. Era como si su cuerpo reaccionara a algo que estaba fuera de su control, algo que no entendía pero que la hacía sentir vacía y traicionada.—Voy
Último capítulo