El descenso desde el Pico de las Brujas se sintió como una caminata a través de una niebla
que finalmente se disipaba para revelar el horizonte. A medida que los guerreros de Colmillo de Plata dejaban atrás las ruinas de piedra gris, el peso aplastante que había sofocado el pecho
de Elena durante meses terminó de evaporarse. Ya no quedaba ningún eco punzante en la
vena de su cuello, ningún susurro tóxico recorriendo su sangre. El lazo artificial había sido
erradicado no por la fuerza, sino