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Isabella, tras ser golpeada por la sirvienta de la abuela de Mateo, partió de inmediato hacia la mansión de su padre, mascullando entre dientes:
—¿Qué se habrá creído esa maldita vieja despreciable? ¿Cómo se atreve a mandar que me peguen? No tiene idea con quién se está metiendo. ¿Con qué derecho me humilla de esta manera? —susurró con amargura, mientras el rencor se reflejaba en su rostro.
Al llegar a la residencia de Damián —el temido líder de la mafia—, arrojó su bolso contra el sofá