Una Muerte Esperada.
Alonso, aún aturdido por el contundente golpe que Mateo le había propinado, divisó a Valentina arrodillada en el suelo, sosteniendo a Mateo moribundo mientras le apuntaba con el arma. En ese instante, la miró con una expresión de profunda conmoción y tristeza, en un intento calculado de ablandar su corazón, mientras que por dentro su mente maquinaba febrilmente la forma de acabar con ambos allí mismo.
Mientras tanto, Valentina sentía el frío metal del gatillo bajo su dedo mientras el corazón le palpitaba con fuerza desbocada. Era la primera vez que tenía que decidir entre la vida y la muerte de alguien con sus propias manos. Alonso, astutamente, captó la vacilación en su mirada y estuvo seguro de que no tendría el valor de apretar el gatillo. Aun así, no podía confiarse. Decidió intentar persuadirla para que bajara el arma, ganando así el tiempo necesario para preparar su contraataque.
—Valentina, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué me apuntas con esa arma? —exclamó con fingida conmoción,