Damián Revela Una Gran Verdad.
Pasaron las horas y Valentina se había quedado dormida en la sala de espera. Al escuchar las sirenas de una ambulancia que llegaba, se despertó sobresaltada y vio cómo llevaban a varios heridos con quemaduras graves por el pasillo, mientras familiares angustiados lloraban detrás. En ese instante, Valentina se acercó a la enfermera y le preguntó:
—Por favor, ¿podría decirme cómo sigue el señor Mateo?
La enfermera comenzó a revisar la computadora para darle información sobre Mateo, pero de inmediato hizo un gesto de preocupación sin poder decirle nada. En ese momento, se acercó un médico y le dijo:
—Señorita, la estaba buscando. Por favor, venga a mi oficina.
Valentina, sin entender qué ocurría, observó el rostro serio de la enfermera y el doctor, y al notar su preocupación, supo que algo andaba mal. Sin dudar, siguió al médico a su oficina y, con ansiedad, le preguntó:
—Doctor, ¿qué está sucediendo? Por favor, dígame que Mateo está bien —rogó con angustia.
Al llegar a la ofi