Alonso asintió con una sonrisa y tomó un sorbo de vino mientras observaba a Valentina.
—Perfecto. Eso me parece muy bien. Entonces, ¿eso quiere decir que aceptarías trabajar conmigo?
—No, eso significa que lo pensaré. Ya te daré mi respuesta —dijo ella, tratando de mantenerlo cerca.
Unas horas más tarde, Valentina miró su reloj. Alonso notó el gesto y le dijo:
—¿Tienes cosas que hacer? Si quieres, pago la cuenta y nos vamos.
—No, tranquilo. Solo quería saber la hora. Pero ya que lo mencionas, sí, está bien. Así termino unos asuntos pendientes.
—De acuerdo, perfecto —dijo Alonso, pidiendo la cuenta.
En ese instante, salieron del restaurante y se despidieron. Valentina subió a su auto y, mientras manejaba, se dio cuenta de que Alonso la seguía a distancia. Inmediatamente, cambió la ruta hacia su casa; en realidad, iba camino al hospital a ver a Mateo, pero no podía permitir que Alonso se enterara y terminara lo que había comenzado: acabar con Mateo. Al llegar a su casa, se bajó d