Mateo Regresa A Casa.
Bajo la ducha, Valentina se inclinó mientras se cubría el rostro con las manos, permitiendo que el agua resbalara sobre su cuerpo. Entre sollozos contenidos, musitaba:
—¿Hasta cuándo tendré que soportar a quienes buscan hacerme daño? No comprendo qué mal les he hecho. Solo intento honrar el deseo de mi padre: guiar a la banda y convertirme en una líder fuerte y justa —susurró, deslizando nuevamente sus dedos por su cara mojada.
Tras un largo rato bajo el agua caliente, salió de la ducha, se vistió y se dirigió a hablar con la ama de llaves.
—No había tenido oportunidad de decírtelo, pero quiero que sepas que Mateo despertó del coma —comentó con una sonrisa leve pero esperanzada.
La ama de llaves, con los ojos brillantes de alegría, exclamó:
—¡Qué maravillosa noticia, señorita! Estoy deseando verlo —dijo con emoción.
—Ahora mismo voy al hospital. Según cómo se encuentre, podremos traerlo a casa con nosotros.
—¿De verdad? —preguntó la mujer, sorprendida—. Lo estaremos esperando.