Un auto blindado negro permanece estacionado frente a la residencia de los Campbell. El barrio Corona, en el corazón del distrito de Queens, respira peligro en cada esquina. Las fachadas están desgastadas, los callejones huelen a desesperación, y los gritos de fondo se mezclan con sirenas lejanas. Pero el vehículo no se mueve. No necesita hacerlo. Está ahí para vigilar. Para proteger e intimidar.
Dentro del auto, dos hombres de Nicolay Romanov observan en silencio. No hablan. No fuman. No se di