Ana permanece acostada, pero no puede conciliar el sueño. Tiene los ojos abiertos, fijos en el techo blanco de la sala estéril sus pensamientos vuelan hacia el rancho Maldonado. Ahora piensa que su decisión no fue la mejor, dejar a leticia en su lugar va a causar un revuelo tal que Gabriel de seguro la asesinará nada más por impotencia. La luz tenue de la lampara no la incómoda, pero tampoco la calma, el desasosiego de estar en el lugar equivocado la acosa hasta tener que cerrar los ojos para n