Tentación de lujo.
Me escondí tras las pesadas cortinas, fundiéndome con la oscuridad de la habitación al notar cómo él alzaba la vista hacia mi balcón.
Segundos después lo ví entrar. El pánico me guió hacia la puerta; giré el seguro con dedos temblorosos, Temiendo que viniera directamente a reclamar lo que cree suyo. Esperaba el golpe, el reclamo o el sonido del pomo siendo forzado. Pero no hubo nada. Ese silencio, me helaba la sangre, fue mucho peor que su insistencia. Regresé a la cama con el corazón acelera