Casino.
MILA.
Salí de la habitación con las manos temblorosas. La chica de la servidumbre, que me había avisado que Lucio me esperaba, ya se había esfumado hacia la cocina. Lucio estaba al pie de la escalera, inmerso en una llamada.
Estaba impecable, vestido completamente de negro. Su piel trigueña lucía radiante. Las mangas de su camisa de seda estaban ligeramente arremangadas, dejando ver la musculatura de sus antebrazos, y los dos botones principales de su camisa estaban desabrochados, revelando un