Policía y Ladrón.
Mila
—De acuerdo —respondí, sosteniendo su mirada plomiza. Me obligué a no parpadear; no podía permitir que detectara ni una sola grieta de duda en mi temple.
Avancé hacia él, dedicándole una mueca de fastidio que esperaba que interpretara me irritaba su interrupción. Al pasar por su lado, sentí cómo su mirada me perforaba, pero luego se desvió, cargada de una intención asesina, hacia el Capitán. Por el rabillo del ojo, vi al Capitán retirarse con paso cauto hacia el área de la servidumbre, de