Oferta de gustos culposos.
Mila.
Esperaba que explotara, o que me gritara. Pero lo que hizo fue mucho más inquietante: se quedó inmóvil, observándome. Ya no era la mirada de un hombre ofendido, sino la de un depredador.
—Increíble —susurró, y esta vez su voz no tenía rastro de burla, sino asombro. Hizo una pausa, midiendo sus palabras—. Tienes el veneno de una Abramovich y la devoción de una santa. Esa mezcla... esa resistencia es exactamente lo que me vuelve loco de ti. Me encanta que te resistas con tanta convicció