No te engañes.

Mila.

No podía controlarme. Aún siendo consciente de que yo tenía a Sandro. mis sentidos estaban en guerra. Lucio desvió la mirada hacia el teléfono que vibraba sobre la cama; lo tomó y respondió sin vacilar. Preferí meterme en el baño para no escucharlo hablar con ella. Necesitaba el silencio para mentirme a mí misma, para repetirme que mi entrega de hace unos minutos no fue más que una actuación impecable bajo el nombre de Katya. Que este fuego en el pecho no eran celos, sino culpa. Me obl
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