No te engañes.
Mila.
No podía controlarme. Aún siendo consciente de que yo tenía a Sandro. mis sentidos estaban en guerra. Lucio desvió la mirada hacia el teléfono que vibraba sobre la cama; lo tomó y respondió sin vacilar. Preferí meterme en el baño para no escucharlo hablar con ella. Necesitaba el silencio para mentirme a mí misma, para repetirme que mi entrega de hace unos minutos no fue más que una actuación impecable bajo el nombre de Katya. Que este fuego en el pecho no eran celos, sino culpa. Me obligué a invocar el rostro de Sandro, intentando asimilar que todo esto era solo parte de una misión. Una tarea necesaria para sobrevivir.
Al salir del baño, forcé una calma artificial. Intenté racionalizar que él tenía una vida mucho antes de casarse con Katya, y que yo aún sostenía una relación con Sandro, por mucho que estuviera enterrada bajo esta suplantación.
—Volveré por la noche —anunció Lucio, vistiéndose con una prisa que me resultó insultante—. No me esperes para cenar y, bajo ningu