Negocio y celos.
MILA.
—El levirato ya no existe, Lucio. Esa práctica quedó en el olvido. Este lugar es importante para la sociedad —espetó Marcos, con la voz ahogada por un hilo de sangre.
Lucio inclinó su peso, la rodilla presionando con más fuerza la espalda de Marcos contra el suelo. —Yo ahora represento esa sociedad, y si me da la gana, cierro tu maldito Club. ¿Olvidas quién te puso aquí?
—No pondrás la sociedad de cabeza solo por... por una vagina —exclama Marcos, su voz pesada, cargada de una rabia