Señora Montessori.
MILA.
—Marcos, Fabricio y el degenerado de Taylor... tres —enumeré, mi voz destilando un filo irónico mientras paseaba la mirada entre Tony y el capitán—. Si hay algún otro nombre que deseen agregar a la gloriosa lista amorosa de Katya, me gustaría saberlo de una vez por todas.
Tony carraspeó, incómodo, su nerviosismo chocando con la mirada impasible del capitán.
—No, ellos son los únicos en este entorno y Taylor ni siquiera cuenta —espetó Tony, cortante, como si la sola mención de otro