Momento de reflexión.
Ignoré el hecho de que me esperaban allá afuera y preparé el desayuno para llevarlo a la cama. Subí a la habitación sosteniendo la charola, intentando que el tintineo de la porcelana ocultara el temblor de mis manos.
Sandro ya se estaba cambiando. Dejé la charola sobre la mesa y me acerqué a él antes de que se pusiera la playera. Sin embargo, solo le ayude a quitársela de las manos. Recorrí con mis dedos su herida, esa marca que casi lo aparta de mí, y descendí por las líneas de su abdomen te