Una alta.
MILA.
Tras cuatro días de agonía, Sandro finalmente fue dado de alta. Tuve que soportar la presencia de Esteban una vez más, fingiendo una amabilidad que ya me salía de forma natural; mi doble vida me había adiestrado tan bien que empezaba a desconocerme. A ratos, sentía que Katya no era un disfraz, sino una parte oscura de mí que siempre estuvo ahí, esperando el permiso de Lucio para emerger.
Salimos del hospital con el sol irradiando en nuestras caras. En cuaetion de minutos llegamos a la