MILA.
Me zafé de su agarre con una elegancia que me sorprendió incluso a mí; una frialdad que solo se adquiere cuando aprendes a sobrevivir entre lobos. Le dediqué una última mirada, dejando que el desprecio bailara en mis pupilas antes de esquivar mi mirada.
—Solo espero que esta vez nuestra actuación no sea interrumpida por una de tus... urgencias —lancé, cargando cada palabra con el veneno de unos celos que me quemaban la garganta.
Lucio no se movió, pero sentí su mirada fija en mi n