Mila.
La seriedad absoluta con la que pronunció esas palabras me produjo un escalofrío que me recorrió la espina dorsal.
Me alejé de él instintivamente, sintiendo la conocida y atrayente sensación de su cercanía. Siendo honesta, también sentí una pequeña satisfacción al escuchar su maldita y tentadora respuesta. Su sonrisa, satisfecha, parecía saborear mi reacción.
Aun así, tenía que meterme en el papel; ahora mismo, justo ahora, soy Katya. Esa es mi carta para mantenerlo a raya. Y sobre todo,