Culpa y necesidad.
LUCIO.
Las noticias me dejaban un sabor amargo en la boca, asqueado, pero sabía que Sasha tenía razón en algo fundamental: no puedo huir de lo que soy. La sangre de los Montessori corre por mis venas, y eso es algo que no puedo borrar.
—¿Qué propones que hagamos? —cuestionó Sasha, rompiendo el silencio.
Me enderecé, sintiendo el peso de un plan formándose en mi mente, uno frío y calculado. —Por el momento, quiero que Mila siga creyendo que desconozco la muerte de Katya. Y si esa persona,, quiere que la sociedad desaparezca, démosle exactamente lo que quiere.
Si algo le había aprendido a ese anciano —mi padre—, era que debías dejar que el ratón se sintiera cómodo, seguro en su madriguera, antes de cerrarle todas las escapatorias.
—¿Y si lo que quiere es quedarse con ella? —cuestionó Tony.
—Siendo así, se la pondremos en bandeja de plata para que la disfrute. Mientras, nosotros damos con su Centinela.
La reunión concluyó relajando el ambiente entre ambas partes. Tony está