El mejor pecador.
MILA.
El recuerdo de Sandro me golpeó como mejor boxeador del mundo. Los recuerdos me noquearon, dejándome a merced de un remordimiento que me asfixiaba. Este gusto culposo, esta atracción prohibida, estaba empezando a devorarme la razón y el corazón. Sabía que no merecía a Sandro y que él no merecía esto. Y lo que era peor: no sabía si sería capaz de volver a sus brazos, de mirar sus ojos limpios, después de haberme entregado a Lucio con tanta hambre.
Y aun así, una parte de mí deseaba