La grandeza de mi ego.
MILA.
Tras la advertencia de Lucio, retomamos el camino dejando a Catalina en la incertidumbre. Salimos del edificio custodiados por Tony y el Capitán, abordando el auto en un silencio total. Lucio estaba enfurecido; lo supe por las venas que se marcaban en su cuello y en su frente, estaban a punto de estallar.
Llegamos a su empresa fantasma. En cuanto bajamos, me sujetó del brazo con una fuerza que me cortó la tranquilidad y me arrastró hacia el elevador. En cuanto las puertas se cerraron, me