Los portones del palacio del príncipe se abrieron con un chirrido grave, como si el propio metal sintiera la tensión que cargaban Lucian y Lyra al regresar. Entre ellos no hubo palabras durante el trayecto. Solo silencio. Un silencio tan espeso que parecía envolver pensamientos afilados, preguntas prohibidas, miedos agazapados y… algo más.
Algo que ninguno estaba dispuesto a admitir.
Apenas atravesaron el umbral, Lucian habló con la voz más fría que ella le había escuchado hasta entonces:
—Colo