El portal se cerró con un estruendo seco, como si el mundo hubiera dado un portazo definitivo.
Lyra sintió el alivio recorrerle el cuerpo.
Un alivio tembloroso, agotado, casi incrédulo, como si su alma no terminara de aceptar que seguía viva.
Se apoyó en Lucian y Kaelthar, respirando con dificultad.
—Qué ironía —murmuró, con una sonrisa amarga que no alcanzaba a ser humor—.
Tanto que abogué porque lo perdonaran… para que, en la primera oportunidad, intentara matarme.
Lucian apretó la mandíbula,