el llamado de la Luna

el llamado de la LunaES

Hombre lobo
Última atualização: 2026-02-12
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La reina en un acto desesperado dio a luz a su única hija la que herede todo su reino un día, pero al estar bajo ataque le pidió a su sirviente más leal que la llevara lejos, para que así su hija podría regresar y reclamar su reino como la reina luna que es.

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Capítulo 1

capítulo 1

CAPÍTULO 1

Bajo una hermosa luna llena se lleva a cabo la batalla entre dos clanes, uno más poderoso que el otro; sin embargo, uno de ellos sigue sus tradiciones y lo gobiernan con amor y respeto. El clan de la Luna es dirigido por una hermosa reina, la cual está esperando a su heredera, quien tomará su lugar cuando ella ya no esté.

—Mi señora, son demasiados, no podremos detenerlos, debemos irnos —el fiel sirviente de la reina llega desesperado para tratar de ayudarla.

—No puedo abandonar mi reino, fui elegida por la luna, y su poder crece dentro de mí. Estoy por dar a luz a mi hija, quien me fue concedida para llevar el poder de la luna —la reina se niega a abandonar el lugar que le pertenece a su hija por derecho; su hija debe ser la siguiente gobernante.

—Mi señora, nadie en el pueblo aceptará a un sucesor de sangre sucia. Solo usted y su hija pueden gobernar. Si las encuentran, las van a asesinar para que el pueblo los acepte como líderes, pero si se va ahora podría volver en unos años y recuperar el lugar que por derecho le corresponde a usted y a su hija —la reina pareció pensarlo mientras acariciaba su enorme vientre.

—Está bien, sácanos de aquí, Conall —el sirviente obedeció y sacó a la reina por un pasadizo en la pared. Juntos se adentraron al bosque, mientras a lo lejos se escuchaba la lucha entre el clan de la Luna y el de las Tinieblas. Cuando llegaron al río debían cruzarlo, pero la reina no podía seguir.

—Mi reina, no podemos detenernos ahora, hay que salir de aquí —Conall estaba desesperado por sacarla de ahí. En secreto la ha amado toda su vida y se quedó a su lado sirviéndole para seguir amándola en secreto sin dejar de verla.

—La bebé ya viene, no puedo seguir —la reina señala la parte inferior de su vestido, la cual no solamente está mojada, sino que tiene manchas de sangre.

—¿Mi señora, no puede aguantar un poco más? —Conall no sabe qué hacer.

—No, ya viene y no puedo seguir —la reina había estado soportando el dolor desde antes de salir del castillo.

—Está bien, nacerá en el agua, así no sabrán desde dónde exactamente viene el olor a su sangre, mi reina —Conall ayudó a la reina a entrar al agua y alzó su vestido para ver el avance del parto.

—Señora, puje, ya puedo verla —Conall no podía creer lo que veía: la pequeña cabeza de la bebé saliendo del cuerpo de su madre.

La reina pujó conteniéndose de no gritar; debía evitar ser escuchada, o de lo contrario su vida y la de su hija corrían demasiado peligro. Después de algunos pujidos, Conall recibió a la pequeña en sus brazos, la cual lloró con fuerza.

—Es una hermosa niña, mi señora —Conall se quitó su camisa y envolvió a la niña en ella.

—Mi pequeña Luna, llévatela lejos, Conall. Salva su vida. Prepárala para que un día reclame su reino. Yo no podré acompañarlos —la reina estaba demasiado débil. En su clan, al dar a luz, le ceden gran parte de su poder a sus hijas, y esto la debilita por varios días. Además, está sangrando mucho y el agua del río apesta a su sangre, así que tarde o temprano darán con ellos.

—No, mi señora, su hija la necesita. No puedo hacer esto solo —Conall la ama demasiado como para dejarla ahí sola.

—Conall, si es verdad que siempre me has amado, salva a mi hija, porque si no me abandonas ahora, los tres moriremos aquí —Conall tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida.

—Te amo, mi amada reina, y siempre será así —Conall besó a la reina, tomó a la bebé en sus brazos y cruzó el río. Ya del otro lado, la vio desmayarse y segundos después escuchó a los lobos acercarse.

Conall se adentró en el bosque, pero los lobos lo seguían de cerca. Era el olor a la sangre que emanaba de la niña. Debía limpiarla mejor, así que en otra parte del río tomó agua y limpió muy bien a la niña sin dejar ningún rastro del olor de la sangre en ella. Luego la dejó en un arbusto y se lavó él, ya que también había estado en contacto con la sangre de la reina.

—Ahora sí te sacaré de aquí, pequeña princesa —Conall cubrió bien a la niña, quien recibía el calor del cuerpo de este, y huyó a lo más alto de las montañas. Pero, aunque creyó que se había escapado, volvió a escuchar a los lobos acercarse.

—De seguro ya tienen mi olor, pequeña, así que deberemos separarnos. Lo siento, no podré cumplir con lo que le prometí a mi reina —Conall llegó hasta la cabaña de una familia de cazadores, colocó a la niña dentro de una canasta, le colocó un hermoso collar que la ayudará a encontrar su camino más adelante y escribió su nombre sobre la tierra. Luego huyó en dirección contraria, haciendo que los cazadores lo sigan.

La bebé comenzó a llorar y las personas dentro de la cabaña salieron a ver de qué se trataba. Cuando vieron a la hermosa niña de ojos azules llorar con fuerza, comenzaron a buscar por todos lados, pero no había nadie, y sobre el suelo estaba escrito “Reina Luna”.

—Ese debe ser su nombre —comenta la mujer del cazador.

—No importa su nombre, ¿qué hace aquí? —el cazador se fue viendo a su alrededor mientras su esposa se acerca a la pequeña y la toma entre sus brazos para calmarla.

—Alguien debió abandonarla aquí —la mujer logra calmar a la pequeña.

—Pues mañana la llevaré al pueblo, no podemos quedarnos con ella —declara el cazador.

—Por favor, quedémonos con ella. Sabes que siempre quise un hijo, pero nunca pude embarazarme —la mujer siempre tuvo el sueño de ser mamá y ve en la pequeña la oportunidad de sentir lo que es ser mamá.

—No es nuestra hija —sentencia el hombre.

—Pero nadie tiene por qué saberlo. Nunca voy al pueblo, así que podemos decir que fue un bebé milagro, que la tuve a avanzada edad y que es nuestra. Por favor, quedémonos con la pequeña —la mujer suplica a su marido.

—Está bien, pero tú te harás cargo de ella. Ya no tengo edad para andar cuidando bebés —el hombre entra de nuevo a la cabaña y la mujer sonríe feliz observando a la pequeña en sus brazos.

—Reina Luna, te voy a cuidar mucho —la mujer besó la frente de la pequeña y entró detrás de su esposo para calentar a la pequeña.

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