Lyra quedó inmóvil, con el corazón golpeándole las costillas, mientras la misteriosa sirvienta continuaba lavándole el cabello con movimientos lentos, casi rituales.
Lo sabía muy bien: en su vida pasada había convivido con todos los criados del palacio del alfa.
Nunca, ni una sola vez, había visto aquella cara.
La presión en su nuca no era violenta, pero sí demasiado segura, como si la mujer supiera exactamente dónde presionar para mantenerla calmada… o indefensa. Toda su piel se erizó.
Podía g