El alarido silencioso del guerrero todavía flotaba en el aire cuando Lyra sintió que algo se desgarraba entre las capas de realidad. Era un sonido que no pertenecía al mundo físico, sino a ese espacio donde la magia y la memoria se confundían.
Y entonces lo vio.
Una figura oscura se movía detrás de Ronan… o más bien, sobre él. Como si una sombra líquida imitara cada uno de sus movimientos, una silueta que parecía no tener rostro, pero sí intención. La mano de esa sombra se posaba sobre el hombro del alfa, como una marca de posesión.
Lyra sintió un escalofrío terrible.
—Miserable… —susurró una voz dentro de su cabeza.
Un susurro antiguo. Herido. Furioso.
Era la misma voz que había escuchado durante la visión y durante la aparición del símbolo rojo.
La misma voz que había advertido que una cadena se había roto.
Pero ahora la voz no sonaba como advertencia… sino como juicio.
La magia que controlaba a Ronan no era la misma que actuaba sobre Lyra.
No era la misma que la estaba guiando, pro