La habitación parecía quedar atrapada en un silencio espeso, antiguo, como si respirara con ellos.
La luz tenue apenas rozaba las paredes de piedra, y el aire cargado de magia hacía vibrar la piel de Lyra.
Lucian estaba demasiado cerca.
Su presencia era un fuego contenido, una amenaza silenciosa y, a la vez, una promesa indescriptible.
El calor que emanaba de él la envolvía como un abrazo sin tocarla.
Su cuerpo tembló, no por miedo… sino por algo mucho más profundo.
Un estremecimiento visceral que recorría su columna cada vez que él respiraba.
Por primera vez en dos vidas, Lyra sintió que podía ser sostenida sin ser destruida.
La memoria de su padre irrumpió como una sombra afilada.
Aldebran tomándola de la mano, su voz grave, casi profética:
“Un día tendrás que cumplir con tu destino, Lyra. Los designios de la manada no se pueden evitar.”
Ese eco la desgarró.
Había intentado ser la hija perfecta, la heredera digna de Luna Silente, la futura Luna de un palacio brillante.
Pero su histo