El brillo de la marca de Lyra no solo iluminó la armería.
También atravesó el pecho de Lucian como un latido que no era suyo.
Por un instante, sintió que algo tiraba de él desde dentro.
Un latido ajeno y propio a la vez.
Un pulso sincronizado con la marca ardiente en el brazo de Lyra, aun cuando ella era arrastrada por su hermano.
La magia la estaba reclamando.
Pero también lo estaba reclamando a él.
Lucian retrocedió un paso, sorprendido de sentir su lobo arañando la superficie de su piel.
No por furia.
No por deseo de pelea.
Sino por una urgencia salvaje e irracional de ir por ella.
De protegerla.
—No —se murmuró—. No ahora…
Pero el latido volvió a golpearlo, esta vez más fuerte.
Lucian se dobló ligeramente hacia adelante, llevando una mano a su pecho, como si la magia quisiera desgarrarle el corazón desde adentro.
Ella.
Ella.
Ella.
Era lo único que podía oír.
Cuando Ronan la arrastró hacia las mazmorras, Lucian supo que tenía dos caminos: obedecer la orden del alfa…
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