Lucian llegó a la puerta de la habitación apenas un segundo después de que Evadne le informara que Lyra estaba descansando. Algo no andaba bien. El aire vibraba, espeso, cargado de un aroma que lo golpeó sin aviso, directo al centro del pecho.
El olor de un alfa.
El olor de ella.
No de la omega que él había obligado a fingir ser.
Sino de la verdadera Lyra.
El príncipe empujó la puerta con violencia. La habitación estaba vacía, la ventana abierta, las cortinas sacudidas como si intentaran retener desesperadamente a quien había escapado. Lucian sintió cómo su corazón se comprimía, un latido helado y violento atravesándolo.
No. No. No…
Se arrodilló, deslizando sus dedos sobre las marcas frescas en el suelo. Arañazos. Garras. El rastro inequívoco de una transformación.
Lyra se había convertido en lobo.
La poción que él mismo le había dado solo funcionaba en forma humana. Una vez que ella abrazaba su naturaleza alfa, su esencia real regresaba. Poderosa. Brillante. Peligrosa.
Hermosa.
Lucia