La marcha hacia el norte había dejado huellas en cada miembro de la manada. No solo en los cuerpos, que cargaban cicatrices nuevas, sino en los vínculos, que comenzaban a tensarse bajo el peso de decisiones difíciles. El cruce del Paso del Aullido había sido una victoria, sí, pero también una revelación: no todos los lobos querían recordar. Algunos, incluso entre los rescatados, preferían la furia al perdón. Y eso, Kaeli lo sabía, era una amenaza más profunda que cualquier ejército.
El campamen