La manada avanzó durante tres jornadas tras cruzar el Paso del Aullido, internándose en la espesura de un valle que surgía como un anfiteatro de roca y musgo. Las altas faldas de los riscos circundaban un lago de aguas oscuras, cuyas orillas se poblaban de flores plateadas que solo florecían bajo la luna llena. Kaeli caminó en silencio, sintiendo el pulso de cada uno de sus hermanos bajo la capa de niebla. No hablaban; sus pasos medidos marcaban un ritmo solemne. La atmósfera olía a tierra reci