La luna brillaba en lo alto con una claridad casi dolorosa, dispuesta a iluminar cada rincón de la manada Volkov. Atrás quedaba el Corazón del Bosque restaurado, cuyas vetas plateadas se filtraban hasta el claro donde la manada celebraba su victoria. Pero aquella noche no era para festejos mundanos: era la noche en que la semilla generada en el vientre de Kaeli reclamaría su derecho a la luz.
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La manada emergió de la umbría en perfecta formación. Los lobeznos al frente, marcando el ritmo con