Mundo ficciónIniciar sesiónIthiliel Roux, es la luna de la manada Baileyi, nacida de un Alfa y una humana, y despreciada por su compañero, el Alfa Gabriel, quien ha tomado a una amante que ha quedado embarazada. Manteniendo su castidad, Ithiliel ha decidido romper las reglas de su manada; rechazar a su alfa cruel y elegir su propio destino, cerrando su corazón. Sin embargo, el repentino ataque a la manada Baileyi realizado por el poderoso y temible Alfa Arien Solarion, la ayuda a escapar de aquel destino impuesto para ella; ¿Pero que pasara cuando Ithiliel, la loba virgen, es raptada por ese poderoso Alfa que disfruta de saciar su sed de sangre por medio de la violencia, ¿Logrará liberarse de aquel destino impuesto? ¿O quedará atrapada para siempre en lo que dicta ser la Luna de una manada? Cuando el Alfa Gabriel se niega a dejarla en las manos de su más acérrimo rival, y el poderoso Alfa Arien decide marcarla como su propiedad, la vida de Ithiliel da un vuelco. Senderos de pasiones ocultas, secretos de origen y la lucha entre dos alfas que quieren tomar lo que consideran suyo, pondrán a Ithiliel de rodillas entre su libertad y el deseo prohibido.
Leer más—Faela está esperando a mi cachorro, el futuro Alfa de esta manada, tu, Ithiliel, ya no puedes seguir siendo mi Luna, sin embargo, debido a nuestro vínculo, no puedo solo dejarte ir, así que pasarás de ser la Luna de la manada Baileyi, a ser mi concubina, debido a que te niegas a yacer conmigo… —
Aquellas fueron las palabras que el Alfa Gabriel me dijo, esperando a que solo lo aceptara sin más, como la compañera fiel que había sido todos estos años que guardaba silencio mientras él se revolcaba en nuestra cama con aquella miserable que ahora me miraba con un aire de altivez, disfrutando de restregarme su “triunfo” en la cara.
—Lo siento, querida, pero sabes cómo es esto, una Luna debe de darle cachorros a su compañero, y tú, la loba virgen, no fuiste capaz de seducir al tuyo, todos sabemos que Gabriel jamás ha puesto una de sus manos sobre ti, porque no eres capaz de despertar a su bestia, así que esto, eventualmente, tenía que pasar, tu no le das lo que el necesita, pero para eso estoy yo… —
Faela dijo aquello con orgullo, mientras acariciaba con sus manos los hombros de Gabriel quien me miraba con desprecio desde su trono.
Durante un momento guardé silencio; eran ya dos años desde que Gabriel se había colado en mis territorios, y me había mordido en el cuello para marcarme como su propiedad, aunque él sabía perfectamente que yo no deseaba unirme a ningún lobo, esa noche él intentó tomarme por la fuerza, pero mi poder de Alfa se lo impidió, como todas las noches siguientes mi loba lo rechazó.
—Es bien sabido que Ithiliel no es una loba completa, su sangre de poder peculiar no le permite congeniar por completo con nosotros, por eso su loba no ha despertado por completo, y no ha sido capaz de aparearse, una mestiza nunca fue digna de ser la luna de esta manada en primer lugar, aunque tenga el poder de un Alfa y la bendición de la madre tierra, por eso es que mi hija, ahora tomará lo que debió de ser suyo desde el comienzo. —
Aquellas palabras que salieron de los labios de esa otra loba, Tala, la madre de Faela, casi me hicieron reír. Todos allí estaban acusándome de la incapacidad de su Alfa para acostarse conmigo, mientras en sus ojos se reflejaba el temor.
—El Alfa Gabriel solo la marcó por su belleza sobrenatural, no porque fuera un buen partido. —
Murmuró otro de los lobos de la multitud que me señalaba con el dedo. Pero en efecto, aquello era cierto. Yo, Ithiliel Roux, era la hija de una loba a la que no conocí, y de un humano que también desapareció. Todos lo decían, mis cabellos pálidos que a la luz del sol parecían hilos de oro, mis ojos violetas con un “brillo de estrellas”, y mi figura grácil y frágil, cautivaban y “hechizaban” a todo aquel que me miraba, por ello era que me mantenía viviendo alejada de todo y todos, sin embargo, para mi desgracia, ese miserable que ahora anunciaba con bombos y platillos el haber embarazado a otra, se coló dentro de mis dominios y me marcó como si fuese una vaca de su propiedad.
La maldita marca en mi cuello me obliga a permanecer cerca de Gabriel, pero mi poder, no le permite acercarse a mi para tomarme, y por ello, se había buscado a una amante.
—Basta ya. — ordenó Gabriel, y en ese momento lo vi levantarse de su trono. — Ithiliel no dejará la manada, ella me pertenece, es el trofeo más hermoso que he conseguido, y se quedará a mi lado para siempre, aceptando su destino como dicta nuestra sagrada ley, y si no deseas pasar por la vergüenza de ser mi concubina, entonces arrodíllate ante mí y sométete… —
Aquella palabra me causaba repulsión.
“Destino.”
—Se buena, Ithiliel, baja tus escudos y permíteme tomarte como mi hembra, así, quizás tú también puedas engendrar otro cachorro para mí, y así serías mucho más feliz de lo que eres ahora. —
Gabriel me dijo aquello mientras su aliento caliente golpeaba en mi cuello, y después su lengua repasaba la comisura de mis labios ante la mirada furiosa de Faela y su madre, quienes, sin duda alguna, deseaban mi expulsión de la manada como nada más. El realmente creía que ser la madre de sus hijos y vivir bajo su sombra, me haría feliz. Era un idiota.
Empujando a Gabriel lejos de mí, lo miré con asco, tal y como siempre lo miraba cuando intentaba tocarme más allá.
—La ley del lobo no solo dicta que una hembra marcada debe de someterse, también, dicta que un lobo que ha cometido adulterio con otra hembra diferente a su compañera, tiene la obligación de liberar a su luna, y tú, Gabriel, estás a punto de tener un hijo con Faela, ¿Eso no me da derecho a mí de recuperar mi libertad? — cuestioné sin rodeos.
Gabriel me lanzó una mirada feroz con aquellos ojos grises, y luego, una retorcida sonrisa se dibujó en sus labios.
—Eso, no pasará jamás, Ithiliel, tú eres mi trofeo, y como tal, te vas a quedar aquí para que yo te admire…si yo no puedo tenerte, me aseguraré de que nadie más tome a la hermosa loba virgen. —
Narra Arien:Sentí como Ithiliel despertó, y repentinamente, se había levantado de la cama; había creído que entraba a los baños, sin embargo, cuando escuché como la puerta de la entrada a nuestra habitación se cerró, supe que había salido de allí.Preocupado, salí tras de ella para saber si se encontraba bien; habíamos hecho cosas mucho más prohibidas de lo que nos habíamos atrevido a hacer antes, y algo de mi me dijo que, quizás, ella no se sentía bien con ello, y angustiado, seguí sus pasos…pero en un punto, ella comenzó a correr, como si estuviese aterrada de algo…o de alguien.Piso tras piso, escalón a escalón, mi bella mariposa blanca corría hasta sentir que le temblaban las piernas, sintiendo aquella desesperación para mi desconocida, invadirla. Quise saber que era lo que le había disparado aquella crisis repentina, ¿Fui yo?, ¿Era de nuevo aquel miserable ser que la atormentaba en sus pesadillas?, ¿Acaso estaba angustiada por la intervención de Atka y Lenora para defenderla de
Narra Ithiliel:Aquella noche, en que compartí el lecho con mi amado Arien, una tormenta terrible cayó sobre las tierras Solarion. El viento movía con ferocidad los árboles, y los ventanales temblaban debido a ello…sin embargo, yo no me inmuté, tan solo entre los brazos de Arien, decidí dormir al calor de su cuerpo y del precioso fuego de la chimenea.Aún permanecía virgen…pero sintiendo a Arien tan cerca de mí, sonreí al recordar todo lo que habíamos hecho en los jardines dentro de las cuevas…aquello, era simplemente maravilloso.Sintiendo como mis ojos pesaban, paulatinamente me quedé dormida, y todo se volvió obscuridad.Mis pies descalzos, sintieron el césped húmedo y frio, y la niebla me cubrió repentinamente sin permitirme ver más allá de lo que avanzaban mis pasos. El frio calaba en los huesos, y el viento traía consigo los murmullos desconocidos de una mujer que parecía estar demasiado triste.Avanzando más y más, llegué a aquel hermoso lago de mis tierras, y las viejas casona
Narra Fortunato:Aquella charla con el príncipe Bogdan, me hizo recordar algo. Hace tres meses, en Gevaudan, Francia, escuché a Renaud, un viejo cazador, con atención. Me había colado en una reunión, y conociendo bien el lugar, no fui detectado…desde entonces, las cosas habían comenzado, y yo no lo había notado.Mis memorias repasaban aquella conversación sin perder detalle. Aquello, era importante.—Están reuniendo a las grandes casas de cazadores, y la mayoría de ellas han respondido. Si no hacemos algo, Leopoldo, tendremos una masacre en las manos. — decía el viejo francés, Renaud.Con seriedad, recuerdo que Giovanni, quien organizó aquella reunión de emergencia, sostenía aquellos manuscritos que la santa sede le había concedido. Todo se había complicado mucho más de lo esperado, y el miedo de lo que pudiese ser, estaba en el aire.—Tendremos que viajar a Rumania para reunirnos allí con una vieja amiga de mi hermana. Por el momento lo más prudente será mantener un perfil bajo, que
Narra Arien:Aquella pasión nos desbordaba, y aun cuando sabía que no debía de tomarla, no todavía, me sentí en el paraíso. Aquellos dulces y suaves gemidos de mi amada mariposa, encendían mi lado más salvaje…mis deseos más prohibidos, y extasiado con el dulce sabor de sus botones de rosa, me perdí en aquel placer que me hacía vibrar el alma entera.Jamás permití que ninguna mujer me tocara, jamás amé a ninguna otra, solo a ella, a mi adorada Ithiliel…y por ella, era capaz de enfrentarme al mundo entero solo por permanecer a su lado…ella me amaba, y yo, era el hombre más feliz de esta tierra hermosa.—Arien…te amo… — mi mariposa me dijo aquello en medio de sus dulces gemidos y sus respiraciones entrecortadas, y sintiéndome a punto de estallar de deseo, besé su cuello y bebí como un loco de sus senos, para luego recostarla sobre aquel vestido que le arranqué.Aquella mirada en sus ojos, apasionada, tan caliente como brasas ardientes, me hizo guardar silencio de inmediato, y sentí como
Narra Ithiliel:Caminando entre las flores como un par de adolescentes, sin miradas curiosas en aquel jardín que se hallaba oculto en aquellas cuevas, como si fuese un pequeño y privado paraíso, recostados entre la hierba húmeda ocultos del mundo y su crueldad...nosotros, los eternos enamorados, nos entregamos a las caricias y los besos desenfrenados, sin querer pensar ni saber nada más ni en nadie más, lejos de las intrigas y las crueles intenciones que deseaban separarnos.Allí, en medio del silencio de la noche, sobre un vestido que fue arrancado y un saco elegante de caballero que salió volando, dos cuerpos semi desnudos ignorábamos el frio y sereno de la casi madrugada.Arien acariciaba mis descubiertos pechos…y yo, besaba los pectorales perfectos del amado y añorado hombre del que, irremediablemente, me había enamorado. Entregados a los placeres del amor hasta quedar enteramente desnudos, expuestos el uno al otro...un vago y doloroso recuerdo atravesó como una espina mi corazón,
Narra Ithiliel:Cabalgamos hacia las cuevas de descanso, y mi corazón se sintió inflamado de dicha…aceptar mis sentimientos por Arien, me había, de alguna manera, liberado.Cuando llegamos allí, Atka y las demás mujeres, se hallaban afuera buscando hacia donde era que me había dirigido. Descendiendo de nuestros amados caballos, ambos nos sentimos cada vez más cercanos el uno del otro, y, sin embargo, no habíamos hablado aun de que era lo que haríamos a partir de este momento.—Ven conmigo, mi amada Ithiliel… — me dijo Arien extendiendo su mano hacia a mí.Aquel hombre frente a mí, se había convertido en el amor que jamás creí conocer, y por primera vez en toda mi vida, no tuve miedo de ser amada…ni de amar. Sus ojos dorados, sus cabellos negros, su hermosa piel morena…y aquella amabilidad y cuidado con el que siempre me trató, me hacían vibrar el alma entera, como si mi existencia misma reconociera a la suya…y desee estar a su lado, para siempre.Tomando su mano, sentí su calidez, y a
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