La noche se desplegaba sobre el claro con una quietud engañosa. La Luna llena brillaba como un faro níveo en el cielo, su luz templada acariciando cada hoja, cada raíz. La manada Volkov había vuelto a la vieja cabaña junto al Corazón del Bosque para celebrar la primera luna llena de la pequeña Flor de Luna. Cálidas antorchas iluminaban el sendero; el aire olía a musgo y a promesas cumplidas. En el fuego crepitaban astillas de madera dorada, y el murmullo de la manada crecía con cada aullido de