La noche cayó sobre Langyan con una suavidad inusual. No había viento, ni aullidos, ni presagios. Solo silencio. Como si el mundo contuviera el aliento para algo que aún no había sucedido.
Kaeli caminaba por el pasillo del ala oeste con pasos lentos. Vestía una túnica de lino oscuro, el cabello suelto, los pies descalzos. No buscaba nada. Solo necesitaba moverse. Pensar. Sentir.
Desde que Lyara le entregó la túnica lunar, algo había cambiado entre ella y Daryan. No eran amantes. No aún. Pero lo