La noche cayó con una densidad extraña. El aire estaba más pesado, como si la luna se negara a ascender del todo. Kaeli se recostó en su habitación, el cuerpo aún vibrando por la cercanía con Daryan, pero la mente inquieta. Desde el jardín, los lobos aullaban con una cadencia distinta. No de advertencia. De memoria.
Cuando cerró los ojos, el sueño llegó de inmediato.
*
Estaba en un bosque que no reconocía. Los árboles eran altos, con cortezas plateadas y hojas negras. El suelo brillaba como si