87• Seremos libres.
Desperté con la sensación de que algo no estaba bien.
No podía ver.
Un peso oscuro me cubría los ojos y, al intentar moverme, el pánico me atravesó al sentir las manos atadas a la espalda y los tobillos firmemente sujetos. El vehículo se encontraba en movimiento; lo supe por el vaivén constante, por el ruido sordo del motor y las vibraciones que recorrían el suelo bajo mi cuerpo.
La cabeza me latía con fuerza. Cada sacudida hacía que el dolor se intensificara, recordándome los tirones brutales