88• Han venido por nosotras.

Me había quedado dormida apoyada contra la pared, con la mejilla fría contra el cemento, como si de alguna manera aquello pudiera acercarme más a Celine. Como si, si cerraba los ojos con suficiente fuerza, pudiera derribar lo que nos separaba. El cansancio me había vencido sin darme cuenta, arrastrándome a un sueño inquieto, lleno de imágenes rotas.

La habitación estaba en silencio. Una calma engañosa.

Entonces escuché mi nombre.

—Thalía…

Era apenas un susurro. Tan bajo que pensé que lo estaba
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