La noche nos recibió envuelta en un cielo lleno de estrellas tímidas, apenas visibles sobre la campiña toscana. Cuando el auto se detuvo, pude distinguir la silueta de una casa rural grande y sólida, casi escondida entre la oscuridad. Aun así, la luz cálida que se filtraba por sus ventanas iluminaba lo suficiente para mostrar que, a pesar de lo aislado del lugar, había algo acogedor esperándonos allí dentro.
No tardé en notar que no era una simple casa perdida en el campo. Junto al portón, dos