13• El propósito por el que estás aquí.
Pasaron varias horas. No sabría decir cuántas exactamente. El sol ya se había movido lo suficiente como para teñir la habitación de un tono dorado cansado, y el hambre empezaba a dolerme más por orgullo que por necesidad. No había desayunado, ni probado bocado en todo el día. Me quedé en la cama, con la mirada fija en el techo, intentando no pensar en lo ocurrido con Mia, ni en Dean, ni en nada que me hiciera sentir más atrapada de lo que ya estaba.
El sonido de la puerta al abrirse me sacó de