Vanessa
Luego de que esa mujer se fue, él me miró fijamente. Yo fruncí el ceño, aún sin entender lo que estaba pasando.
—Buenos días —dijo con una sonrisa torcida—. ¿Dormiste bien?
Lo miré en silencio por unos segundos y luego solté, sin pensarlo demasiado:
—No pierdas el tiempo.
Mi tono fue seco, cortante, hasta yo misma me sorprendí de la forma en que salió.
—¿A qué te refieres, cariño? —preguntó, ladeando el rostro, burlón.
—. ¿Ya estás coqueteando tan temprano?
Rió levemente, y yo lo miré c