Vanessa
Observé la herida, que por fortuna estaba seca, como si las hierbas que preparé hubieran hecho su magia. Guardé el botiquín, respiré hondo y me acerqué donde estaban el señor Óscar y su esposa.
—Ahora es hora de ir a buscar a tu esposo —dije.—Muchas gracias, de verdad —respondi con la voz quebrada—. No sabe cómo agradecértelo.
—Tranquila, no hace falta —sonreí—. Lo importante es que estéis bien.
Óscar acariciaba con calma a unos perros que estaban echados en la sombra de un árbol, la te