Dorian
El viaje había sido pesado, pero finalmente llegamos a la isla. Apreté los puños con fuerza mientras esperaba la señal de Gregorio y de mis hombres. Ya me habían comunicado que estaban rodeando el lugar, listos para atacar. Les pedí que vigilaran cada rincón, y les mostré una fotografía de mi esposa para que la reconocieran si la veían. Pero hasta ese momento, no había señales de ella. Sin embargo, los movimientos eran intensos: lanchas en el río, más de cinco, como si estuvieran buscand